Los conflictos militares contemporáneos se desarrollan simultáneamente en múltiples ámbitos, integrando capacidades en tierra, aire, mar, espacio y ciberespacio. Las guerras en Rusia-Ucrania y Oriente Medio han demostrado la eficacia de la combinación de capacidades de alta tecnología –como sistemas no tripulados, plataformas autónomas y herramientas de guerra electrónica– con el empleo ágil de tropas. Las nuevas tecnologías aceleran la toma de decisiones y permiten acciones rápidas y decisivas. Por ejemplo, en Ucrania, el uso de drones para la vigilancia y los ataques precisos integró datos de sensores en tiempo real con inteligencia artificial, lo que permitió a fuerzas más pequeñas neutralizar amenazas numéricamente muy superiores.
Para ello, el ciclo sensor-tirador debe cerrarse lo más rápidamente posible. Comenzando con la detección eficaz de amenazas, el procesamiento de inteligencia y la ejecución de ataques precisos, a menudo utilizando enjambres de drones, municiones guiadas (posiblemente asistidas por IA) y sistemas de guerra electrónica para perturbar las comunicaciones y las defensas enemigas.
Este enfoque queda perfectamente ejemplificado por una unidad especial de las Fuerzas de Defensa de Israel, la Unidad 888 Refaim, o fantasma en hebreo. Operando por delante de las fuerzas convencionales para detectar, atacar y destruir amenazas, Refaim actúa en múltiples dimensiones, ya sea contra objetivos terrestres, navales, aéreos, espaciales e incluso cibernéticos. Su agilidad, independencia y uso masivo de sistemas autónomos le permiten adaptarse rápidamente para derrotar a las células enemigas. Su apodo de fantasma proviene de que, a menudo, su presencia solo se percibe cuando el objetivo es alcanzado, por ejemplo, por un dron kamikaze.
La guerra electrónica, por su parte, está cada vez más presente en el campo de batalla, desafiando las estructuras de mando tradicionales. Se utiliza tanto para proteger redes y radares como para interferir en los sistemas enemigos y garantizar la eficacia del ciclo sensor-tirador. La operación Midnight Hammer, lanzada por Estados Unidos contra instalaciones nucleares de Irán, utilizó técnicas de interferencia electrónica en todo el espectro electromagnético, además del empleo de aeronaves especializadas en guerra electrónica como el EA-18G Growler, para desestabilizar los sistemas de radar y comunicación iraníes, lo que permitió a los bombarderos B-2 penetrar en el espacio aéreo enemigo sin ser detectados y alcanzar sus objetivos con precisión.
En resumen, la integración de sensores, guerra electrónica y sistemas autónomos es esencial para obtener resultados efectivos en los combates modernos, ya que les ofrece a los comandantes múltiples opciones estratégicas y tácticas, creando dilemas para los adversarios. Sin embargo, como se ha puesto de manifiesto en los conflictos actuales, la tecnología debe incorporarse a tropas bien entrenadas y con una doctrina militar actualizada. La tecnología es un multiplicador del poder de combate y no un sustituto de las tropas.
Autor: PhD Jorgito Stocchero – Director de Negocios en Sensores y Guerra Electrónica



